Mi teléfono suena, es Flor. —Seco mis lágrimas antes de contestar, tomo aire un par de veces, e intento sonar menos abrumada.
—¡Hola!
—Señorita, la llamo porque aún no ha llegado a casa y creí que podría ir con usted a despedirme del señor Damián, pero viendo la hora, parece que no vendrá.
—Sí, no alcanzaré a pasar por la casa, me iré directamente al aeropuerto, pero dile a Fabio que te lleve y nos encontramos allá.
—Está bien, allá nos vemos.
Luego de colgar, apurada,