54: Un día más en el crucero.
Así que Nero, quien siempre aparenta ser un hombre leal y silencioso, también tiene sus propios secretos.
—Por favor… no lo vaya a decir.
Me dice Itzel con una mezcla de preocupación y vergüenza en la voz.
La miro unos segundos antes de asentir.
—No te preocupes. Yo no diré nada… aunque déjame decirte que lo hago por ti. Nero me cae mal.
Ella suelta una pequeña risa, tratando de disimular la tensión, mientras me pasa la mamila con leche tibia para Matteo. El bebé mueve las manos impaciente