36: Entré el fuego cruzado.
La emoción me atraviesa el pecho de una forma que no puedo controlar.
Muy pocas cosas logran eso en mí.
Muy pocas. Al menos eso dice mi padre.
Pero lo que acaba de ocurrir… lo logra.
Beso la carita suave de Matteo y él se mueve un poco en mis brazos, haciendo un pequeño gesto con la boca como si buscara algo.
—Hola, pequeño Matteo… —susurro.
Estoy que salto de alegría.
Ni siquiera intento entender por qué, no es mío.
Solo siento esa calidez rara en el pecho.
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