No era un secreto que a Alan le gustaban los niños, especialmente cuando eran unos hermosos bebes indefensos que le activaban todos sus sentidos protectores.
Pero Alan miraba al bebe que cargaba Concetta y tenía ganas de lanzarlo por la ventana.
—Está creciendo muy rápido —Concetta lo balanceaba de un lado a otro mientras este reía—. Tiene una semana y ya parece de varios meses de nacido.
—Mi demonio me dijo que crecerá más rápido que un humano —dijo Alan amargado y cruzado de brazos—. Aun sigo