89. Joder desesperado
—He querido hacer esto desde la tercera sesión —dice, besándome el cuello—. Cuando describiste tu fantasía. Sobre estar inclinada sobre mi escritorio.
—Hazlo —le ruego—. Por favor. Fóllame en tu escritorio como querías.
Gime, volteándome para que quede boca abajo sobre la madera fría. Sus manos tiran de mis caderas hacia atrás, colocándome en la posición correcta.
—¿Estás segura? —pregunta.
—Nunca he estado más segura de nada.
Siento cómo se alinea, siento la punta de su pene presionando contra