118. Tú tienes 19 años, yo tengo 35.
Ya no puedo fingir más.
Necesito sus manos sobre mí o voy a perder la cabeza.
Cuatro días de esta lenta tortura me han llevado al límite. Cada roce, cada mirada prolongada, cada caricia me ha dejado vulnerable y dolorida. Siento el cuerpo como un cable de alta tensión. He estado caminando empapada, con los muslos constantemente resbaladizos y los pezones apretados contra la ropa. Ya no me basta con tocarme. Lo necesito. Sus dedos. Su boca. Su peso presionándome.
Es poco después de la medianoche