120. Hasta que me folle
Esta noche no me iré hasta que me folle exactamente como le he estado suplicando en mi cabeza durante un año.
Después de anoche, después de que sus dedos me destrozaran en el sofá y aun así me mandara a casa con ese desgarrador «No podemos volver a hacer esto», ya no podía fingir. Mi cuerpo lo clamaba. Mi mente no se callaba. Pasé todo el día reviviendo la forma en que sus gruesos dedos se curvaban dentro de mí, la forma en que me sujetaba y me llamaba «niña buena» mientras me desmoronaba. Para