CAPÍTULO 4—Sí puedes —dijo, chupando mi clítoris con más fuerza—. Córrete ahora, nena.Y, de alguna manera imposible, lo hice. Otro orgasmo me atravesó, más pequeño pero igual de intenso. Era vagamente consciente de que estaba llorando, suplicando y tirando de su pelo con tanta fuerza que tenía que dolerle.Cuando por fin se apartó, su rostro brillaba con mis jugos. Se veía tan jodidamente satisfecho consigo mismo.—¿Ves lo que te has estado perdiendo? —Se arrastró sobre mi cuerpo, besando mi vientre, mis pechos, mi cuello—. Esto es lo que te mereces. Todos. Los. Días.Podía saborearme en sus labios cuando me besó.Su polla presionó contra mi entrada y, a pesar de todo, todavía jadeé por lo grande que era.—Mírame —ordenó—. Quiero ver tu cara cuando papá te llene.Lo miré a los ojos mientras entraba en mí, esta vez despacio, dejándome sentir cada centímetro. La dilatación seguía siendo abrumadora, mi coño sensible por los múltiples orgasmos.—Joder, qué bien te sientes —gruñó—. Tan a
Leer más