117. Quiero que me folle
RILEY
Cada vez que lo veo, tengo que apretar los muslos para que no se me corra el líquido por las piernas a plena luz del día.
Así de mal se ha puesto después de solo un día. Mi cuerpo me traiciona. Una mirada a Damien al otro lado de la cerca y mi coño se contrae como si recordara la fantasía de anoche mejor que yo. Me desperté esta mañana ya mojada, con los muslos resbaladizos y los pezones apretados contra mi camiseta de tirantes. El dolor de haberme excitado hasta la extenuación ayer no ha