82. Desnuda para él
Este beso es diferente a los de su oficina.
Aquellos eran desesperados. Frenéticos. Nacidos de semanas de atracción reprimida que finalmente estallaron.
Este es... deliberado. Seguro.
Me toma el rostro entre las manos, me levanta la cabeza y me besa como si tuviera todo el tiempo del mundo. Como si intentara memorizar mi sabor. Su lengua se desliza contra la mía, lenta y profunda, y me derrito en él.
Su cuerpo es sólido contra el mío. Puedo sentir cada centímetro de él: los firmes contornos de