15. Azótame, papi
Punto de vista de Mia:
—¡Sí! —jadeé mientras me azotaba de nuevo, más fuerte—. Por favor, papi, necesito tu polla dentro de mí...
Me azotó cinco veces más seguidas, cada golpe más fuerte que el anterior, hasta que me ardía el culo y gemía contra la encimera.
—Cuenta diez más —ordenó—. Y dame las gracias por cada una.
Su mano bajó con fuerza.
—Uno, gracias, papi —sollocé.
Otro golpe.
—Dos, gracias, papi.
Para cuando llegamos a diez, estaba hecha un desastre: lágrimas corriendo por mis mejillas,