122. El pequeño y sucio secreto de papá
Pensé que una vez sería suficiente.
Eso solo hizo que lo necesitara más.
Después de esa primera noche en su cama, quedé perdida. Mi cuerpo lo anhelaba constantemente: un deseo sordo y palpitante que nunca desapareció del todo. Cada vez que cerraba los ojos, lo sentía estirándome, llenándome, llegando al fondo de mi ser. El recuerdo de su boca lamiendo su propio semen dentro de mí me excitaba en pleno día. Era adicta, y los dos últimos días de las vacaciones de mamá se convirtieron en una neblin