123. Bendíceme, Padre… Ya estoy mojada por ti.
PUNTO DE VISTA DE SIENNA
Perdóname, Padre, porque he pecado… y mi coño ya está empapado.
Entré en el viejo confesionario de madera con el corazón latiéndome tan fuerte que lo sentía entre las piernas. La pesada cortina de terciopelo se cerró tras de mí, atrapando el aroma a roble pulido, cera de vela y algo más oscuro: incienso mezclado con lujuria pura y prohibida.
La reja frente a mí era delgada, tallada con pequeñas cruces. Al otro lado, oí el suave susurro de la tela y luego su voz: baja, s