149. Soy tuya ... por siempre
—Mírame —ordenó.
Nuestras miradas se cruzaron mientras penetraba.
La sensación seguía siendo impresionante. Centímetro a centímetro, grueso y venoso, se hundía en mi coño empapado hasta que estuvo enterrado hasta el fondo, sus testículos apretados contra mi trasero, la cabeza curvada rozando mi cérvix.
Empezó a follarme con embestidas largas, profundas y potentes, sacándola casi por completo para que sintiera la gruesa cabeza engancharse en mi entrada, y luego volviendo a entrar con fuerza hast