Nino miraba a Fane con los dientes apretados, como si hubiera sufrido una humillación extrema. Fane, al verlo tan alterado, no sabía qué decir. Ese tipo resultó ser aún más incompetente de lo que él había imaginado. En un momento tan crítico, Nino insistía en competir con él.
La disposición de Fane era la más razonable dada su fuerza actual. Sabía que Nino no estaba satisfecho, que creía que su fuerza no era inferior a la de Fane y que no necesitaba seguir sus órdenes, además de considerar arrog