Teobaldo, con el ceño fruncido, le dijo a Gerardo:
—¡Basta ya! No perdamos más tiempo con estos mocosos. ¿Para qué contárselo? ¿Quién se creen que son?
Fane soltó un suspiro suave y de repente se rio con desprecio, mirándolos con una expresión llena de sarcasmo. Eso hizo que Gerardo perdiera la compostura al instante. Teobaldo intentó detenerlo, pero ya era demasiado tarde.
Gerardo refunfuñó y dijo:
—¡Qué más da decirte! Los dos somos del continente Estrella Fantástica, discípulos de la secta