Mis piernas, mis brazos, la cabeza… todo me duele y pesa. A pesar de haber intentado dormir toda la noche, no logré pegar el ojo más de dos horas. Todo lo que sucedió anoche, todo lo que se me reveló y todo lo que traté de entender no dejó de girar en mi cabeza una y otra vez, sin darme descanso.
Pero al menos no era la única que se sentía así.
Cuando entré a la cocina, pasadas las nueve de la mañana, Kaia, Rowan y Aidan estaban sentados en la mesa comiendo un cuenco de cereal. El ambiente no er