El día de la graduación el apartamento estaba patas arriba y Noah y yo éramos dos neuróticas que no encontraban nada.
—¡¿Has visto mi pintalabios?!
—¡En el suelo del baño, se me ha caído!
Llevaba secándome el pelo veinte minutos y dándole forma, Noah se coló entre mis piernas y el lavabo y recogió el pintalabios. Al rato me fruncí en el vestido azul y largo que conseguí y los tacones del mismo color. Sentí que era uno de esos días tan importantes que tenía que vestirme igual de importante. N