La Mansión de los Ecos
El lujoso sedán negro se detuvo frente a la escalinata de la mansión Blackwood con una suavidad casi irreal. Para Elena, el imponente edificio de piedra y mármol no era un hogar, sino una fortaleza diseñada para ocultar secretos y aplastar voluntades. El sol de la tarde golpeaba los ventanales, devolviendo un brillo cegador que la obligó a entrecerrar los ojos.
Antes de que el chofer pudiera bajar, Alexander ya había abierto la puerta del copiloto y rodeado el vehículo.