El nido de víboras
La salida del hospital no fue el alivio que Elena esperaba. El aire exterior, aunque fresco, se sentía pesado, cargado con las promesas de tormentas que aún no estallaban. Dos vehículos de lujo esperaban frente a la escalinata: el imponente McLaren negro de Alexander y una camioneta escolta donde Flor y Victoria solían desplazarse.
Alexander caminaba al lado de la silla de ruedas, con una mano apoyada en el respaldo, un gesto que para un extraño parecería protector, pero que