El precio de un secreto
El apartamento de Matías era un caos de papeles y botellas vacías. Él permanecía sentado frente al televisor, con los ojos inyectados en sangre, observando la imagen que dominaba todos los canales de noticias: Alexander Blackwood, el magnate, protegiendo a Elena ante una multitud de fotógrafos.
—¡Maldita suertuda! —rugió Matías, apretando el vaso de whisky hasta que sus nudillos palidecieron—. Mira cómo camina ahora, como si fuera una reina. Y pensar que hace poco estaba