Silencios que lastiman
El consultorio improvisado en la oficina de presidencia estaba sumido en un silencio tenso, solo roto por el roce de los instrumentos médicos. El doctor Arriaga, el médico de cabecera de la familia Blackwood, terminó de revisar los signos vitales de Elena. Alexander no se había movido ni un centímetro del costado del sofá; permanecía allí, con los brazos cruzados y la mandíbula apretada, observando cada movimiento del doctor con una vigilancia casi animal.
Elena, recostad