El peso de la compasión
Elena se encontraba en su nueva y reluciente oficina, un espacio que olía a madera de cedro y éxito. Sin embargo, no podía disfrutar del lujo. Desde su ventanal, imaginaba el caos en los pasillos: personas recogiendo sus pertenencias, familias que se quedarían sin sustento, todo por un arrebato de protección de Alexander.
—No puede ser... —susurró para sí misma—. No puede despedir a tanta gente. Fueron muchos los que se burlaron, sí, pero esto es demasiado. Debo detenerl