El peso de las ausencias
El silencio en el consultorio era denso, interrumpido únicamente por el leve rasgar de una estilográfica sobre el papel. Julieta permanecía sentada tras su escritorio de caoba clara, bajo la luz tibia de una lámpara de pie que iluminaba a medias el recinto. Como psicóloga, estaba acostumbrada a contener las tormentas ajenas, a ordenar el caos emocional de quienes buscaban en su consulta un puerto seguro. Sin embargo, en la intimidad de su propio espacio, cuando la puer