El recuerdo se disipó como humo ante el sonido metálico de la manija de la puerta. Julieta parpadeó con rapidez, frotándose los ojos para despejar cualquier rastro de la bruma del pasado que aún amenazaba con nublarle la vista.
La puerta del consultorio se abrió lentamente y la figura imponente del oficial Carlos apareció en el umbral. Vistiendo su chaqueta de servicio sobre la camisa de botones, traía consigo esa presencia robusta y terrenal que solía contrastar tanto con la atmósfera pulcra y