Confidencias en el Invernadero
El sonido metálico del portón principal al cerrarse anunció la partida de los vehículos de Arturo y Alexander. La enorme mansión Blackwood, que durante el desayuno había vibrado con el bullicio de los hombres y la energía contagiosa de los niños, recobró poco a poco su habitual serenidad.
En la terraza posterior, el sol de la mañana comenzaba a entibiar el aire. La institutriz recién contratada se encontraba a pocos metros, sobre la hierba, supervisando a Max y Em