El precio de una coartada
El olor característico a antiséptico y el brillo blanco de las lámparas fluorescentes envolvieron a Taylor en cuanto cruzó las puertas automáticas del centro médico. Caminó con paso firme por los pasillos de mármol pulido hacia la zona de especialidades, guiado por la memoria del plano que conocía al detalle.
Al llegar frente al consultorio de Julieta, sujetó el pomo de metal dorado e intentó girarlo. La puerta no cedió. La cerradura estaba pasada. Taylor dejó escapar