El Juego de las Máscaras
Julieta subió el vidrio de un tirón, metió la primera marcha y aceleró, dejando atrás la avenida del ataque. El trayecto hacia el hospital San Lucas se convirtió en una carrera contra el reloj del destino. Julieta conducía con una concentración ciega, esquivando los pocos vehículos de la madrugada, mientras Carlos se mantenía como un perro guardián pegado a su defensa trasera.
Diez minutos después, el imponente edificio del hospital San Lucas apareció frente a ellos, co