El rompecabezas del mal
El aroma del café caliente que Flor transportaba en sus manos parecía el único rastro de normalidad en el tétrico pasillo del hospital. Caminaba con paso firme, el sonido de sus tacones resonando contra el granito brillante. Su conversación con Matías le había devuelto el alma al cuerpo; se sentía protegida, astuta y, por encima de todo, dueña de la situación.
Sin embargo, al doblar la esquina y acercarse a la sala de espera de la Unidad de Cuidados Intensivos, se detuv