El eco de una sospecha
El rayo de sol que se filtraba por las pesadas cortinas de seda de la mansión Blackwood golpeó el rostro de Elena, despertándola de un sueño inquieto. Por un segundo, su mente vagó por los pasillos de su antigua vida, hasta que el roce de las sábanas de mil hilos le recordó dónde estaba. Se incorporó de golpe, sintiendo un leve mareo, y buscó su teléfono en la mesa de noche.
Un mensaje de texto de su compañera de archivos, Marta, parpadeaba en la pantalla: “Elena, por fav