La ilusión del paraíso
La habitación de Alexander era un refugio de sombras y seda. Cuando Alexander entró, el aire pareció cambiar, volviéndose más denso, cargado de una electricidad que no lograba disiparse. Elena salía del baño, envuelta en una bata de seda negra que se ceñía a su cuerpo como una segunda piel, resaltando la elegancia que había recuperado tras tanto tiempo de lucha. Sus ojos se encontraron, y durante un segundo, el tiempo se detuvo.
Alexander se quedó paralizado, absorbiendo