A la mañana siguiente Julian se prepara una cafetera con la esperanza de que el subidón de la cafeína le quite la maldita resaca, pero, especialmente, que le ayude a alejar sus pensamientos de Giorgia Hill y lo que pasó la noche anterior. Se asoma a la ventana de su habitación y descubre un cielo asediado por unos amenazantes nubarrones grises que se ciernen sobre la ciudad. Encaja a la perfección con su estado de ánimo.
A Julian le preocupa la falta de autocontrol que ha demostrado todo este t