Adair vio su espalda alejarse. Con el cerillo aún en una mano y la caja en la otra. Sus ojos se desviaron hacia el chico. Éste le devolvió la mirada, apenado. A diferencia de su padre, su rostro serio era gentil y amable, mezclándose perfectamente con su aspecto varonil. Aclaró su garganta para luego caminar hacia Adair. Se agachó sobre él, observando el interior del horno. Estaba tan cerca que Adair pudo sentir su calor corporal. Su cuello alargado era ligeramente rojo, una vena se abultaba en