Me recuesto en el sofá, cruzando una pierna por el lado y apoyándome en el cuero frío. Todo lo que él tiene que hacer es mirar hacia arriba. Con un dedo, de manera juguetona, recorro mi entrada, recogiendo humedad en la punta y llevándola hasta donde mi clítoris late con fuerza.
Había experimentado antes con tocarme, pero no era algo habitual, y nada de lo que había hecho antes tenía el efecto que Ryden había provocado en mí. Hago un círculo lento y provocador alrededor de mi clítoris, y con la