Capítulo 61.- El último suspiro.
La oscuridad dio paso a un zumbido constante, como si estuviera atrapada en un sueño del que no podía despertar. Voces lejanas, fragmentos de palabras, y el sonido rítmico de máquinas me envolvían. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero cuando abrí los ojos, la luz blanca y estéril de una habitación de hospital me cegó. Un dolor sordo palpitaba en mi abdomen, y cada respiración se sentía como un esfuerzo monumental.
—Daneika, ¿puedes oírme? —La voz de Ekaterina irrumpió, temblorosa pero firme. Su rostro apareció en mi campo de visión, pálido y con los ojos enrojecidos por el llanto. Tomó mi mano con cuidado, como si temiera romperme—. Gracias a Dios, estás despierta. No te muevas, ¿de acuerdo? Los médicos están haciendo todo lo que pueden.
Sentí como mi corazón se oprimía en mi pecho.
Intenté hablar, pero mi garganta estaba seca, y un tubo conectado a mi boca lo hacía imposible. Mis ojos recorrieron la habitación: máquinas que pitaban, un suero goteando a mi lado, y el peso abruma