Capítulo 34.- Una felíz noche.
Siento como los latidos de mi corazón se aceleran al escuchar lo que me dicen al otro lado de la línea.
—¿A qué te refieres con lo que estoy haciendo? —logro preguntar intentando mantener la calma—. Además qué haces llamando desde otro número de teléfono.
—Hija mía, parece que no me conocieras. Además no creas que soy tan tonto como para no darme cuenta de que le pusiste el ojo a Frederick.
El alivio que siento es tan grande que solté el aire que contenía sin saber. Si es a eso a lo que se refiere puedo manejarlo con toda la calma del mundo.
—Por favor papá no digas tonterías. —camino de un lado a otro—. No voy a negar que me sorprendí al ver a ese señor en tú oficina, pensaba que era cualquier otra persona, menos que sería con el nuevo socio con el que voy a trabajar de ahora en adelante.
—Mi tesoro, no te mientas a tí misma. Sabes que conozco perfectamente cada uno de tus gestos y ese me decía que ya lo conocías desde antes. —hace un breve silencio antes de seguir hablando—. Solo te