Capítulo 34.- Una felíz noche.
Siento como los latidos de mi corazón se aceleran al escuchar lo que me dicen al otro lado de la línea.
—¿A qué te refieres con lo que estoy haciendo? —logro preguntar intentando mantener la calma—. Además qué haces llamando desde otro número de teléfono.
—Hija mía, parece que no me conocieras. Además no creas que soy tan tonto como para no darme cuenta de que le pusiste el ojo a Frederick.
El alivio que siento es tan grande que solté el aire que contenía sin saber. Si es a eso a lo que se refi