Las palabras de la matriarca quedaron flotando en el aire del estacionamiento, cargadas de un reproche que buscaba herir el orgullo de Melani.
Aras, desprovisto de cualquier emoción, clavó su mirada severa en su madre. Y cuando habló, su voz no reflejó ira, sino una gravedad tan densa y autoritaria que enfrió el ambiente en un segundo.
—Madre, mide tus palabras —pronunció con una calma cortante, usando ese tono de voz con el que solía silenciar las juntas directivas más complejas.
Fatm