El siseo rítmico del concentrador de oxígeno era el único sonido que quebraba el silencio del sótano médico en la propiedad de Beykoz, en el lado asiático.
Siegmund observaba a Melani a través del cristal de la habitación improvisada. Dieciocho horas después del impacto en el viaducto de Kavacık, ella seguía estabilizada pero débil; el diagnóstico de la neumonitis química era severo. Sus pulmones, inundados por los gases de la pólvora de las bolsas de aire y los vapores de la gasolina del aut