DIEGO
El sonido del portazo de Melani hace seis meses todavía retumba en las paredes de esta villa. Cuando ella se fue esa noche, después de la Ópera, algo en el sistema de calefacción de mi vida se apagó para siempre. Me quedé solo en una casa que era demasiado grande para mis miedos, sintiendo que el apellido Von Seidl era una soga que me apretaba el cuello cada vez que intentaba respirar.
Durante el primer mes, busqué a Melani con la desesperación de un náufrago. Le mandé flores, le escrib