El sutil timbre del ascensor anunció su llegada al piso cuarenta. Al abrirse las puertas metálicas, la luz directa la recibió, pero su atención se detuvo por completo en la silueta que dominaba el pasillo.
A unos metros, de espaldas a ella, él se mantenía apoyado con aplomo en el pasamanos de cristal que miraba hacia el vestíbulo inferior.
Ella contuvo el paso mientras sus ojos comenzaban a examinarlo con una lentitud involuntaria, recorriendo la línea de su figura desde los zapatos has