Melani Fernández
—Ya se te está volviendo costumbre entrar sin tocar. ¿Acaso no te enseñaron? —esperé la respuesta de Aras sin quitar la vista de la computadora. Pero, en su lugar, hubo un silencio denso y un aroma diferente; uno que reconocí al instante y que me provocó un escalofrío involuntario.
—Hola, Mel... —su voz hizo que mis dedos se detuvieran en seco sobre el teclado. Levanté la mirada solo para encontrarme con esos ojos azul profundo que alguna vez decidí conquistar.
—Eres... tú