Al otro lado de la pantalla, la señal satelital mostró al padre de Melani pasando una mano cansada por su frente calva, bajo la tenue luz de la lámpara. Eran las dos de la mañana para él, y el peso de su profesión como consultor jurídico del Estado y de grandes corporaciones privadas le dictaba hablar con cautela.
—Su nombre es Andréi Volkov —respondió el doctor, bajando la voz—. Es un contratista pesado del sector petrolero en Moscú, pero tú sabes cómo se están moviendo las cosas aquí, hija.