Capítulo octavo, parte uno.
En un momento estaba sentada en su montura y al otro pasó a estar entre los musculosos brazos de Isyan, si Sirio era para ella como un hermano, Isyan significaba para ella un padre, un mejor amigo incondicional.
—Pequeña niña no sabes cuanto te he extrañado.
Las lágrimas casi se salieron de sus cuencas al inhalar el aroma a tierra y bosque de aquel pecho.
Estuvieron varios minutos abrazados, hasta que Isyan le palpó las costillas. Allí ya no había huesos puntiagu