— Jazmín, quiero disculparme contigo — comenzó, con voz temblorosa —. Lo que hizo mi hijo fue completamente inaceptable, y quiero que sepas que estoy tan furiosa con él como tú lo estás. No puedo creer que haya actuado de esa manera, y que no lo justifico de ninguna manera.
— No necesito ni quiero tus disculpas — respondió con frialdad, sin molestarse en ocultar su desprecio —. Lo que tu hijo hizo fue imperdonable, y no hay nada que puedas decir o hacer para cambiar eso. Ahora, si me disculpas,