— La gente creerá que hay algo más entre nosotros — susurró Jazmín fingiendo una sonrisa, mientras caminaba a su lado.
— Estoy conteniéndome de no mandarlos a todos a la mierda, por ti, belleza — gruñó, mientras abría la puerta. Cuando pretendía cerrar la puerta, el bastón del abuelo, se interpuso —. ¡Padre!
— Quiero hablar con ustedes dos — manifestó, adentrándose al despacho —. ¿Por qué fingen que no se conocen?
— Para evitar más habladurías — respondió Jazmín.
— La única persona que pued