Sus dedos rozaban el sello estampado en los papeles de divorcio, con los ojos llenos de estupor y remordimiento.
—¿Cómo pudo pasar…? ¿Cómo fui capaz de firmar esto…?
Olivia, a un lado, echó una mirada al documento con un gesto desdeñoso.
—Ya, Carlos, no te mortifiques. Linda solo está haciendo un berrinche. Tarde o temprano volverá de rodillas a suplicarte.
Al final, es una estudiante sin recursos. ¿Cómo podría renunciar tan fácil a un hombre como tú, su benefactor?
Carlos levantó la cabeza de g