Capítulo 9
Me giré, mirándolo como si fuera un completo desconocido, con una frialdad distante.

El rostro de Carlos estaba marcado por el asombro y el dolor; con voz temblorosa alcanzó a decir:

—Linda, soy yo… soy Carlos…

—Señor Mancilla, entre nosotros ya no queda nada de qué hablar —respondí, serena y cortante.

Al amanecer, las labores de rescate empezaban a transformarse en tareas de reconstrucción.

Carlos volvió a interponerse en mi camino, su voz grave, cargada de desesperación:

—Linda, sé que cometí
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