El salón principal resplandecía bajo la luz cálida de las arañas de cristal, pero para Victoria, el aire se volvió denso e irrespirable. La voz afectuosa de la Sra. Valenzuela —la esposa del inversionista— aún resonaba en el ambiente, dejando una estela de desconcierto entre los presentes.
—¿Tu madre? —intervino la madre de Alejandro, frunciendo el ceño sutilmente con curiosidad y desconfianza—. No sabía que ustedes dos se conocían... Victoria siempre ha sido una mujer muy reservada respecto a