Dos días después de haber abandonado la mansión Del Castillo, Victoria trataba de rehacer su vida paso a paso. Llevaba puesto un delantal blanco manchado de harina y tenía el cabello recogido en un moño despeinado.
Estaba en la pequeña cocina de su apartamento practicando nuevas técnicas de repostería para la competencia, buscando mantener la mente ocupada y el corazón tranquilo.
El timbre de la puerta sonó, rompiendo el silencio del lugar. Victoria dio un salto por la sorpresa. Pensando que