Las palabras de Victoria quedaron flotando en el aire como un eco pesado. Alejandro no se movió. Tenía la mirada fija en ella, pero sus ojos ya no reflejaban rabia, sino una mezcla de confusión y conmoción. En toda su vida, nadie lo había rechazado. Nadie le había dicho en la cara que se había cansado de él.
A Victoria le temblaba todo el cuerpo. Decirle que ya no lo amaba le dolía como si se estuviera arrancando un pedazo de carne, pero sostuvo la mirada con todas las fuerzas que le quedaban